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Jueves, 20 de marzo de 2025
Cuestionario maldito a Juan Abreu (Cortesía de Tadeu, en The Objective).
Debajo de la mesa, un libro testimonio sobre la Cuba de entonces por el más iconoclasta de los escritores excubanos: Juan Abreu, autor del blog emanaciones, el más divertido, irreverente y desvergonzado de España.
¿Queda familia suya en Cuba?
No. En cuanto conseguimos escapar, mis hermanos y yo nos pusimos a trabajar para sacarlos de la isla. Y, por suerte, lo conseguimos.
¿Alguna cuenta pendiente o ajuste que no haya recogido su libro?
No tengo cuentas pendientes. Como bien dijera Martha Frayde, “no es que odie, es que no he perdido la memoria”.
¿Qué (le) queda de aquella Cuba que retrata en su libro?
En la llamada realidad, nada. El castrismo ha convertido la próspera Cuba republicana en un prostíbulo de aldea tercermundista. Pero. En mi cerebro, perdura la luminosa isla de mi infancia donde mi madre escucha a Rita Montaner o Panchito Riset y mi padre nos duerme en el sillón del portal.
¿Hay todavía cosas por saber sobre el destino trágico de Reinaldo Arenas?
Lo que se cuenta respecto a eso, en la útil pero mentirosa película del pintor Schnabel es falso. Me gustaría saber la verdad acerca de su momento final.
¿Qué puede provocar la llegada de Trump al poder para Cuba?
Nada. Más palabrería. La única forma de derrocar la dictadura de la familia Castro es invadiendo militarmente la isla. Sólo Estados Unidos tiene la capacidad de hacerlo. Al principio, pensé que con Trump, que está como una cabra, tal vez… pero el problema con Trump no es que esté loco, es que no está lo suficientemente loco.
¿El hecho de que Marco Rubio sea descendiente de cubanos puede aportar algo a la relación de EEUU con la isla?
Marco Rubio es norteamericano y hace muy bien siéndolo. Es mejor, como es obvio. Tengo hijos y nietos norteamericanos y me alivia y alegra mucho que hayan dejado de pertenecer a una cultura secundaria, en todos los sentidos.
¿Ha vuelto o volverá algún día a Cuba?
No he regresado. Y en cuanto a regresar, he puesto por escrito mis condiciones para hacerlo. Entre ellas, que el Ministro de Cultura me espere a cuatro patas y con el culo al aire al pie del avión para propinarle una justiciera patada en cuando baje del aparato.
¿Cree que se leen allí sus libros, bajo cuerda?; ¿está accesible su blog?
No lo sé. A veces alguien que vive allá me escribe a propósito de uno u otro de mis libros, pero eso es todo. Para el régimen no existo, y esto incluye a sus escritorzuelos residentes, a los que entran y salen de la isla, y a los que viven en el extranjero. El brazo de la Revolución es muy largo, como me dijo el policía en el puerto de Mariel. En cuanto a mi blog, la situación ha de ser más o menos la misma. Supongo.
¿Qué futuro, político y humano, le vaticina a Cuba?
Describo el futuro que espera a Cuba en mi novela Garbageland. En ella la isla es convertida en basurero mundial. Pero creo que pequé de optimista. Será mucho peor.
¿La patria?
Para mí la patria es una especie de peste bubónica. Una maldición. No necesito una patria, lo que necesito es un hogar. Y eso se puede hallar en cualquier parte. Cuando viví en Estados Unidos, mi hogar estaba allí, ahora que vivo en España, aquí tengo mi hogar. El hogar pertenece a una dimensión única, individual, la patria a una fantasía colectiva, incumbe a la oscuridad tribal; la patria es una enfermedad.
