Estampas

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Domingo, 4 de diciembre de 2001

Hoy sigo de buen ánimo y se me escapa una de mis sonrisitas siniestras cada vez que imagino la cara de Maduro al verse arrastrado fuera de la cama por los hombretones de la Delta Force. Sin embargo, después de saber que Marco Rubio anda en tejemanejes con Delcy Rodríguez y otros esbirros de Maduro y Cuba (no hay que olvidar que cuando se negocia con Delcy Rodríguez o Vladimir Padrino se está negociando con la DGI cubana) ha disminuido un tanto mi entusiasmo. Y al escuchar lo que dijo Trump de María Corina Machado, ya he comenzado a pensar que algo huele mal en el plan de Trump para Venezuela.

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Sábado, 3 de enero de 2026

Las Fuerzas Armadas norteamericanas han capturado y llevarán ante la Justicia al dictador castrista comunista asesino analfabeto y narcotraficante Nicolás Maduro, esto sólo puede ser una buena noticia para cualquier amante de la Libertad, para cualquier persona decente. He abierto un gran vino y hemos brindado por una Venezuela Libre.

¿Cómo reconocer hoy a los enemigos de la Libertad? Es muy fácil. Son los que hablen de moderación, de Justicia y Derecho Internacional (que tienen de Justicia y de Derecho lo que yo de astronauta) de Paz, de Soluciones Pacíficas.

Ellos son el enemigo.

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Viernes, 2 de diciembre de 2025

Donde esperé el Año Nuevo pusieron tvSánchez. Protesté por motivos políticos, aunque también porque los presentadores eran dos pasmarotes y un escote que no tenía nada que enseñar. Protestaba yo algo exaltado por los grandes vinos y exigía, por joder, que pusieran a la Pedroche, un engendro anti erótico que exhibe todos los años unas tetas esmirriadas y en caída libre y unos atuendos espantosos. Sabemos que un país está en decadencia cuando pierde el sentido estético y entroniza el mal gusto y la zafiedad. Pues eso.

Coda. Después de ver al bacalao Pedroche dando las campanadas cualquier hombre que se respete padecerá disfunción eréctil durante tres semanas. O un mes.

Con las excepciones de rigor, naturalmente.

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Jueves, 1 de enero de 2025

El gatico nuevo jugaba en el fondo del jardín y cuando me acerqué, había cazado una palomita. Se la quité, la llevé dentro de la casa, curé sus heridas y la encerré en el baño para mantenerla a salvo. Por desgracia, mis cuidados no sirvieron de nada, cuando regresé de la celebración de Año Nuevo la palomita estaba muerta. Algunas personas, en casos así, suelen decir “hay que dejar que la Naturaleza siga su curso”. Pues bien. No veo por qué. No veo razón alguna para dejar que la Siniestra Hija de la Gran Puta Naturaleza siga su curso. Prefiero no hacerlo y tratar de salvar a la palomita u otros pájaros que mis gatos atrapan (y algunos he salvado). Lo de la Naturaleza está muy sobrevalorado. Si es tan “sabia” como se dice, ¿porqué para prevalecer y ascender como especie hemos tenido que apartarnos de ella? Si hubiéramos seguido su curso nuestra especie habría resultado arrasada. Hemos sobrevivido y progresado porque somos una anomalía que volvió la espalda a la Naturaleza.

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Miércoles, 31 de diciembre de 2025

Esperaré el Año Nuevo con amigos y cuando alce mi copa de champán pediré al dios de la Furia (que es el mismo dios de la Libertad, lo he comprendido al fin) que me de fuerzas para seguir siendo fiel a mis muertos y mucha vida para vivirla contigo.

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Martes, 30 de diciembre de 2025

Vuelvo a repasar el tercer volumen de mis Emanaciones (que se ha demorado por motivos ajenos a mi voluntad, pero se publicará en enero) y encuentro esta despedida del año 2019, que me sigue pareciendo adecuada (con algunas necesarias actualizaciones, claro) para despedir 2025:

A la mierda la Patria.
A la mierda el Progresismo.
A la mierda la Tolerancia
A la mierda el Catalán.
A la mierda el Multiculturalismo.
A la mierda el Euskera.
A la mierda la Izquierda.
A la mierda el Gallego.
A la mierda el Lenguaje Inclusivo.
A la mierda las Comunidades Autónomas.
A la mierda los Gentilicios.
A la mierda la Sardana.
A la mierda el Identitarismo.
A la mierda el Perdón.
A la mierda el Balear.
A la mierda lo Colectivo y los Colectivos.
A la mierda los Líderes Sindicales.
A la mierda los Sindicatos.
A la mierda la Sagrada Infancia.
A la mierda la Igualdad.
A la mierda el Regionalismo.
A la mierda la Tribu.
A la mierda el Aurresku.
A la mierda la Identidad.
A la mierda la Justicia garantista (si hay que adjetivarla, no es Justicia).
A la mierda el Feminismo.
A la mierda lo Racializado.
A la mierda el Pensamiento Grupal.
A la mierda los Derechos Sociales.
A la mierda el Cupo Vasco.
A la mierda el Negrismo (ya no hay un anuncio en España donde no aparezca un negro).
A la mierda los Derechos Históricos.
A la mierda la Moderación.
A la mierda la Empatía.
A la mierda las Políticas de Género.
A la mierda el Mujerismo.
A la mierda el Lirismo.
A la mierda el Valenciano.
A la mierda el Buenismo.
A la mierda el Orgullo Gay.
A la mierda la Riqueza Lingüística.
A la mierda la Convivencia.
A la mierda el Pacifismo.
A la mierda el Diálogo.
A la mierda Palestina.

Y a la mierda el Consenso

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Lunes, 29 de diciembre de 2025

Se va el año y hago picadillo. Subido de alcaparras y las patatas fritas como lo hacía mi madre antes de que la Gran Revolución nos liberara también del picadillo con o sin alcaparras y patatas, fritas. Mientras cocino bebo Fino Alvear y mordisqueo lonchas de chorizo de León, picante. A ver si hoy puedo terminar El mito del Paraíso Andalusí, estos días no he tenido mucho tiempo de leer. Llovió de madrugada y durante la mañana pero agua fina no aguaceros como los del sábado y el domingo. Como y bebo más de la cuenta. Pero. Al placer lo que es del placer y a la muerte lo que es de la muerte. Hoy me han recomendado a una escritora china que me dicen que vale la pena ya les diré algo la leeré aunque en principio todo lo chino (así lo ruso) me repele. Por lo del comunismo y sus putos libertadores. Como es natural.

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Miércoles, 24 de diciembre de 2025

El emanador descansará un par de días, que se lo merece.

¡Feliz Navidad a todos!

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Martes, 23 de diciembre de 2025

Mañana es Nochebuena. El día de Nochebuena es siempre aquel día de Nochebuena de la infancia. Este día:

Aquello era la alegría. Eso que después uno se ha pasado la vida buscando con palabras estaba ahí, de forma natural, impregnándolo todo como si fuera el alma misma de la materia con que está hecho el mundo. Se anunciaba como una brisa dulzona, desde semanas antes. En el ambiente general, en la actitud de la gente, en las risas y en las miradas. Y en el tono de la voz de los locutores de la radio, y en las canciones y en los adornos que resplandecían en las tiendas del centro de la ciudad.

Nos embargaba una extraña ansiedad y la miseria retrocedía como un ejército en desbandada; no es que hubiera menos miseria (o sí, durante aquella época disfrutábamos de muchos productos que desaparecían durante el resto del año), pero de alguna manera se revestía de unos ropajes y una fragancia que la hacían enormemente más llevadera.

Cuando al fin arribaba el día esperado, la actividad comenzaba bien temprano; yo y mis hermanos dábamos carreras de un lado a otro por encargo de mi madre: al puesto de Higinio a comprar lechugas o rábanos, o a casa de una vecina para que nos prestara una fuente. Al atardecer, nos bañábamos y acicalábamos con nuestra mejor ropa. Bien embetunados y cepillados los zapatos para disimular los desgastes. Las camisas de guinga bien planchadas y almidonadas, los pantalones con la raya impecable. Las medias sin agujeros o con los agujeros bien remendados. ¡Restriéguense bien los codos y las rodillas! Ordenaba mi madre asomando la cabeza por encima de la puerta del baño. Para terminar Mima nos entalcaba, peinaba y nos ponía un poco de agua de colonia en el pelo.

Cuando la temperatura se hacía más agradable, a las cinco o las seis, despejábamos el patio e instalábamos dos mesas unidas (la nuestra y la de algún vecino), poníamos los manteles de hule, organizábamos las sillas, los platos y metíamos las botellas de cerveza y refrescos en un tanque de metal con hielo. La llegada de mi padre constituía el gran acontecimiento. Venía cargado de turrones españoles (jijona, alicante, yema) manzanas de California, peras y melocotones enlatados, membrillo, queso blanco, botellas de vino y sidra El Gaitero, pan fresco, palitroques, dátiles, nueces, avellanas y otro montón de maravillas. Lo recibíamos a grito pelado, saltando y alborotando y nos peleábamos por ayudar a cargar los tesoros que transportaba. El reía y se le iluminaban los ojos y se hacía el enfadado: Pero que chillería es esa… vamos, vamos… Cuidado, cuidado que van a romper alguna cosa…

Mi madre reinaba en la cocina y de ella emanaban suntuosos aromas. Crujían los ajos, susurraban las cebollas, supuraban los tomates, rechinaban las patatas. Tenía que echarnos constantemente pues nuestras incursiones para robar alguna golosina, trozos de cualquier cosa que se pudiera tragar, no cesaban un instante. Todo era risa y goce caracoleante.

Un poquito de vino por aquí, una cerveza por allá, un sorbo de sidra acullá y los rostros de los mayores se acaloraban y adquirían un suculento tono atomatado. Venían las tías, los tíos y los primos, la abuela María Blanco. Los vecinos desfilaban por casa a brindar por tiempos mejores. En la radio sonaba el Benny, Blanca Rosa Gil, Vicentino Valdés, el Trío Matamoros, Barbarito Diez, María Teresa Vera, Tito Gómez, voy por la vereda tropical… y por supuesto Panchito Riset, el preferido de mi madre. ¿Qué atmósfera mágica se instalaba en nuestra miseria? ¿Qué nobleza descendía del cielo? ¿Qué sensación de dicha única encontraba refugio en nuestros corazones? Sé que en ningún otro momento de mi vida he sido más feliz, en ningún otro momento mi vida ha tenido más sentido. O mejor, no ha necesitado sentido alguno. Mi existencia no requería justificación. Yo era.

Ya alta la noche, estallaban bengalas, cohetes. La pandilla hacía explotar petardos y bombitas frente a la casa. ¡Cuidado muchachos que se van a sacar un ojo! ¡Qué niños estos virgen santísima! Gritaba mi madre. Del cielo del barrio descendía un fulgor que todo lo contaminaba, como si un dios benévolo vertiera sobre nuestras cabezas el polvo de un millón de estrellas.

Recuerdo, sobre todas las demás, una Nochebuena en la que mi padre y mi madre bailaron. Ninguna mujer sobre la tierra ha sido ni será más bella. Ningún hombre sobre la tierra ha sido jamás más elegante, más apuesto y grácil. Flotaban en la música ajenos al desconsolado futuro y a la muerte en tierras lejanas.

Nosotros, sentados en el suelo, silenciosos, sin atrevernos a mover un músculo para no romper el hechizo, los contemplábamos arrobados.

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Lunes, 22 de diciembre de 2025

“Con el tiempo, el saqueo, la destrucción intencional de los monumentos del pasado preislámico y la conversión o expulsión de la población cristiana por parte de los conquistadores borró muchos de los vestigios culturales de esta civilización naciente que sólo la arqueología reciente ha recobrado en parte. Tenemos relativamente pocos textos de la España visigoda. Tenemos menciones de bellas iglesias que han desaparecido. Hoy día, los restos de pequeñas iglesias mozárabes pueden encontrarse solamente fuera del antiguo al-Andalus, y ninguna de ella en centros urbanos principales. Además la escultura y la pintura decorativa en los lugares públicos del mundo hispano–romano–visigodo desaparecieron, como era de esperarse del arte bajo una religión que prohibía la representación física y consideraba la escultura una manifestación de idolatría”.

Como puede verse, los efectos de la imposición del islam son comparables a un devastador terremoto combinado con una epidemia de peste bubónica.

Sigo con El mito del Paraíso Andalusí.

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